Capítulo 5º

De todas los rayos demagógicos que desembainaste, éste fue el más persuasivo.
Recuerdo (como pensando al lado del río) la vez que me tiraste tu mentira sagaz,
rememoro el brillo de tus ojos ¡Cómo te brillaban! y ahora entre esperezas
vanas, escupís bilis en mi tapete, qué espectáculo tan embriagador.
Me planeas de lo peor, a dos metros de mí, y tus pupilas son máquinas,
y hasta tus infinitos poros no dejan milímetro por interrogar.
Son más linda lejos de las bambalinas, pero con entusiasmo, (los rasgos bohemios
se notan mejor) y tu desmesura aguarda bajo tus uñas sin pintar.
Guardás silencio casi hasta llegar a las arcadas, y nada te detiene,
nada te detiene en tu quietud, vas a millas por segundo, en tu inamovible quietud.
Tus fundamentos siempre son insondables, sin cosquillas no largás nada.

Ahora quiero ver el final de la novela, y hasta tal vez me banque los créditos
Sos consiente de tu ebullición. Sos consiente de todo, y mucho más.

Y por ahora paro, necesito un descanso, por mi agotador motor... sólo un descanso...